Categorías
Sin categoría

Celebra Morelos décimo aniversario del Festival Internacional de Danza

Autoridades de la Secretaría de Turismo y Cultura (STyC) y de la compañía de danza contemporánea “Fóramen M. Danza que invita a la acción” anunciaron el décimo Festival Internacional de Danza “Morelos, tierra de encuentro”. 

Este importante evento se realiza del 28 de octubre al 10 de noviembre en Cuernavaca, teniendo como invitado especial al reconocido coreógrafo y bailarín hindú Rakesh Sukesh.

Luz María García Besné, subdirectora de Teatro de la STyC, aseguró que desde la dependencia se otorga un apoyo total al esfuerzo de las comunidades artísticas del estado, con la intención de que estudiantes, artistas y público se reúnan para fortalecer el quehacer dancístico que se está realizando en la entidad.

“Este festival ofrece actividades gratuitas, es una ventana de oportunidades para que el público y los artistas locales tengan un acercamiento directo con diversas disciplinas a través de los grandes maestros y compañías que estarán en Morelos”, enfatizó.

Durante el anuncio, Marcos Ariel Rossi, director del Festival Internacional de Danza “Morelos, tierra de encuentro”, detalló que la inauguración formal será el lunes 04 de noviembre en el Teatro Ocampo, con un programa de danza Butoh y danzas de la India, bajo la presentación en Morelos de Sergio Flores, de Butoh-performance; Shaktala, danzas del sur de la India; y Liliana Ordoñez de Butoh Danza Contemporánea.

Agregó que del jueves 07 al sábado 09 de noviembre a las 19:00 horas se presentarán diversas funciones gratuitas de danza contemporánea, multidisciplinaria y circo por parte de invitados de talla nacional como Contempodanza de Cecilia Lugo, Cuerpo Mutable de Lydia Romero, y Suspendidos, compañía de circo de Alejandra Ibáñez.

También se realizará un encuentro con creadores contemporáneos el sábado 09 a las 13:00 horas en Teatro Ocampo, donde se abordará el trabajo en colaboración, las estrategias de creación y las diferentes visiones de las artes escénicas en la actualidad.

Aunado al taller gratuito de creación de aéreos que habrá en el Centro de Desarrollo Comunitario Los Chocolates para artistas que ya manejan técnicas como trapecio, telas y aros; entre muchas más actividades del programa de este festival internacional que pueden consultarse en www.cartelera.morelos.gob.mx

Para finalizar, el coreógrafo y bailarín hindú Rakesh Sukesh confirmó que estará trabajando con un grupo de bailarines procedentes de diferentes partes de la República Mexicana y del mundo, por 10 días en Morelos, para elaborar una pieza que se mostrará el miércoles 06 de noviembre en el Teatro Ocampo a las 19:00 horas.

Fuente: Secretaría de Turismo y Cultura Morelos

Categorías
Sin categoría

El Teatro de la Danza Guillermina Bravo cumple medio siglo como icono de la expresión dancística contemporánea

El Teatro de la Danza Guillermina Bravo celebrará 50 años de vida. La inauguración de este espacio, que se ha convertido en el escenario dancístico más importante del país y referente del género contemporáneo, se llevó a cabo el 19 de septiembre de 1969. 

Sobre los espectáculos que se presentaron en esa ocasión con motivo de su apertura, existen dos testimonios. Uno consigna que los ballets Clásico de México, Autóctono y Mexicano de Ciudad Juárez y Nacional de México ofrecieron diversas presentaciones en su temporada inaugural.

El Ballet Clásico de México, que era la compañía oficial del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), conformado por Laura Urdapilleta, Sonia Castañeda, Jorge Cano, Susana Benavides y Francisco Martínez, presentó del 19 al 21 de septiembre las coreografías: Bachianas, de Nellie Happee; Dúo, de Bodyl Genkel; Huapango, de Gloria Contreras y 8 invenciones, de Manuel Parrés, bajo la dirección general de Clementina Otero de Barrios.

El Ballet Autóctono y Mexicano de Ciudad Juárez, dirigido por el profesor Francisco Xavier Flores, ofreció un programa sobre Mito y brujería de la sierra Tarahuamara, del 25 al 27 de septiembre, en tanto que el Ballet Nacional de México, bajo la dirección de Guillermina Bravo, cerró la temporada con el estreno de la coreografía Los magos, de la propia maestra y bailarina; Refrán del soñador, de Rossana Filomarino; Daguerrotipos, de Federico Castro; Acertijo, de Luis Fandiño y El desierto, de Raquel Vázquez, del 28 al 30 de septiembre de 1969.

El otro testimonio refiere que el teatro abrió sus puertas con el montaje de la obra Zaratustra, dirigida por el Alejandro Jodorowsky, en la que participaron los actores Carlos Ancira, Isela Vega, Héctor Bonilla, Jorge Luke, Susana Karmini y Álvaro Carcaño.

Ubicado en el Centro Cultural del Bosque, el Teatro de la Danza Guillermina Bravo fue diseñado por el arquitecto Ramiro González del Sordo. Inicialmente fue un espacio de preparación para los alumnos de la Academia de la Danza Mexicana. Posteriormente, a instancias de la maestra Clementina Otero, durante su gestión como jefa del Departamento de Danza del INBAL, se destinó a espectáculos de danza y sede del Ballet Clásico de México dirigido por Otero, quien también dio cabida al teatro experimental.

Al poco tiempo se convirtió en el escenario dancístico más importante de México y actualmente es un referente para el impulso, desarrollo y difusión de la danza contemporánea.

Durante estos 50 años se remodeló en varias ocasiones. En 1981 se amplió el foro para albergar a lo más destacado de la danza, así como a los grupos independientes y a las compañías de danza apoyadas por el INBAL, como Ballet Nacional de México, Ballet Independiente, Ballet Teatro del Espacio y Compañía Nacional de Danza Folklórica. A la fecha se presentan pequeñas y grandes agrupaciones del país, además de artistas y grupos extranjeros.

El 13 de junio de 2018 el recinto se nombró Teatro de la Danza Guillermina Bravo, apelativo con el que se reconoce, por un lado, a una mujer que fue crucial en el desarrollo de la danza nacional y, por otro, a un recinto que se ha posicionado como un espacio emblemático del quehacer escénico en nuestro país.

Depositario de una tradición

“Hace 50 años no había un teatro igual. Se trata de un espacio invaluable que fue parteaguas en México, sobre todo por la época en la que surgió, ya que acababa de pasar el movimiento del 68 y el país vivía una crisis; la comunidad artística estaba en la incertidumbre, así que, como una forma de reivindicación, se creó el Centro Cultural del Bosque que incluía, por supuesto, el Teatro de la Danza”, comentó Francisco Bejarano, director general del Grupo Artístico Mexicano Macuilxóchitl, fundado en 1980.

Como un teatro icónico lo define Cecilia Lugo, fundadora, coreógrafa y directora de Contempodanza. “En lo personal creo que es el mejor teatro que hay para danza en el país. Tiene una isóptica perfecta, es cálido, tiene las medidas precisas, la iluminación es de calidad y se genera una cercanía con el público inigualable. He presentado aquí mis mejores obras… Vi cuando lo construyeron, ladrillo tras ladrillo, cuando pusieron la primera piedra”, manifestó.

Por su parte, Laura Rocha, bailarina y coreógrafa de la compañía Barro Rojo desde 1986 y directora artística de la misma agrupación a partir de 1994, expresó que la importancia de este teatro radica en haber sido el primero para esta disciplina artística. “Sienta un precedente en los teatros públicos del país. En lo personal, está profundamente arraigado en mi vida profesional. Me cobijó en mi etapa de estudiante… Para mí representa un espacio de experiencias y aprendizajes. El Teatro de la Danza, ahora llamado Guillermina Bravo, es un recinto emblemático de la cultura mexicana, específicamente de las artes escénicas. Y para Barro Rojo ha sido un testigo y cómplice de nuestra historia y crecimiento”.

Óscar Ruvalcaba Pérez, coreógrafo, bailarín y maestro, también opinó sobre la trascendencia del Teatro de la Danza Guillermina Bravo. “Es importante que sea un espacio dedicado exclusivamente a este arte. En ese sentido, creo que es como un santuario donde se va a ver, entender y revisar la danza en todos sus géneros. Es un foro donde se cultiva el espíritu de la danza y es depositario de una tradición. Lo que me resulta interesante es que este teatro tiene esa posibilidad como ave fénix, que se quema en sus propias cenizas y luego resurge más esplendoroso y fuerte; creo que esta es la condición constante de la danza en México, siempre al límite. Por eso este teatro es un espacio privilegiado”.

Guillermina Bravo, figura central de la danza mexicana del siglo XX

Durante su infancia, Guillermina Bravo (Chacaltianguis, Ver.1920—Santiago de Querétaro, Qro. 2013) recorrió gran parte del territorio del país, debido al trabajo de su padre, lo que probablemente logró que ella recibiera un conocimiento amplio de las distintas culturas mexicanas.

Sus estudios de danza clásica, moderna y folclórica los hizo en la Escuela Nacional de Danza dirigida por Nellie Campobello, en el Conservatorio Nacional de Música y en el estudio de la maestra Estrella Morales, donde fue descubierta por la bailarina y coreógrafa estadounidense Waldeen von Falkenstein, quien la invitó a participar en el Ballet de Bellas Artes.

Posteriormente continuó su desarrollo técnico y junto con Ana Mérida fundó y dirigió la Academia de la Danza Mexicana. Con Josefina Lavalle estableció la Compañía de Ballet Nacional que, a partir de 1991, se ubicó en Querétaro como el Centro Nacional de la Danza Contemporánea.

Guillermina Bravo realizó la coreografía de más de 20 obras teatrales. Además de elaborar programas técnicos de enseñanza de la danza y de coreografía, en 1969 coadyuvó a instaurar los primeros cursos intensivos de danza contemporánea para estudiantes de la UNAM; más tarde fundó el Seminario de Danza Contemporánea y Experimentación Coreográfica (UNAM-Ballet Nacional). Contribuyó a la organización de la Facultad de Danza en la Universidad Veracruzana (1975) y fundó el Ballet Nacional del Centro Nacional de Danza Contemporánea en Querétaro (1990-1991).

Durante la existencia del Ballet Nacional de México, Guillermina Bravo atrajo para trabajar en conjunto a destacados literatos, compositores, escenógrafos, maestros y críticos que aparecieron, a lo largo de varias décadas, en los programas de mano como colaboradores de la compañía, entre otros, Emilio Carballido, Mario Lavista y Carlos Monsiváis. Fue merecedora de premios y reconocimientos, como el Nacional de Danza José Limón (1989), el Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes en 1979 y la Academia de las Artes la designó Miembro honorario.

Actividades de aniversario

Para conmemorar este medio siglo de vida, el INBAL, a través de la Coordinación Nacional de Danza, ha preparado varias actividades que tienen el propósito de recuperar la memoria dancística del recinto.

Mediante el programa Anuario coreográfico. Ganadores del Premio INBAL-UAM se dará voz a quienes han sido merecedores del Premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga, vía streaming en el canal de YouTube de la Coordinación Nacional de Danza, los viernes, la primera se realizó el 13, y continuarán los días 20 y 27 de septiembre, a las 10:00 horas.

En Travesías en el Teatro de la Danza, bailarines que han pisado el escenario de este recinto compartirán sus experiencias en un conversatorio colectivo, que tendrá lugar en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo el martes 24 de septiembre, a las 18:00 horas. El mismo día, de manera previa, se inaugurará la exposición fotográfica Bitácora de viaje. 50 años del Teatro de la Danza, alusiva a aquellos artistas que le han dado vida a este espacio.

Asimismo, la revista Interdanza publicará el álbum fotográfico Efímero y eterno. El Teatro de la Danza en imágenes, edición especial en la que se registrarán los mejores momentos de las puestas en escena del recinto. Fuente: INBAL

Categorías
Sin categoría

Christa Cowrie, fotógrafa de lo sublime, recibió la Medalla al Mérito Fotográfico

La mente y la mirada de Christa Cowrie se mantienen en estado de alerta. A cuatro años de su “retiro” de los escenarios, aquellos donde acechó en la oscuridad el instante de máxima expresión de bailarines y actores, la fotógrafa sigue observando las fuerzas de la naturaleza, ahora en la danza de las olas, la manera en que se encrespan, agolpan y suavizan frente a la Playa de San Agustinillo, en la costa oaxaqueña. 

Es un mar muy distinto al de Hamburgo, el puerto alemán donde nació hace 70 años, pero queda claro que le gusta el horizonte, la comunión de los azules. Antes de charlar sobre lo que ha sido una vida dedicada a las imágenes, por la cual recibirá la Medalla al Mérito Fotográfico en el 20 Encuentro Nacional de Fototecas, del Instituto Nacional de Antropología (INAH), decide su comida del día: sopa y un huachinango empanizado acompañado con papas.

Con un animoso acento alemán —que mantuvo pese a que llegó a México siendo adolescente, a bordo de un trasatlántico—, se advierte por teléfono que lleva una vida plena. Asegura que su vía para alcanzarla ha sido la fotografía, porque a través de ella “aprendes a ver al ser humano, a reconocerlo, a entenderlo. Casi como un psicólogo, sin necesidad de hablar”.

Ese afán de querer comprender lo que acontece, bajo un acto que sincroniza la mente y el ojo, le llevó a la fotografía. En la Casa del Lago, donde Lázaro Blanco daba sus cursos, aprendió a ejecutar en blanco y negro; y a color, con Carl Miller, fotógrafo de National Geographic, y con Guillermo Aldana, precursor de la icónica revista México desconocido. Hablando de referentes, tiene muchos, pero rescata la interpretación de las formas de la danza moderna en la lente de Barbara Morgan, célebre por sus retratos de la bailarina Martha Graham.

Quizá más conocida por su registro de artes escénicas, Cowrie jamás soslaya la que fue su gran escuela, el diario Unomásuno, del que fue fundadora, proyecto al cual se sumó tras el golpe a Excélsior, en 1976, donde laboró brevemente. Al respecto, destaca la visión de Manuel Becerra Acosta para crear un periódico que fomentó el llamado “Nuevo periodismo” en la prensa mexicana.

El director de Unomásuno fue consciente de llevar una imagen potente en la primera plana, “y dio a los fotógrafos la importancia que tienen sobre el hecho, porque la toma no sólo informaba, sino que editorializaba, brindaba una posición sobre los sucesos y servía al análisis político. Por eso, en esta época tuvimos el acierto de decir: ‘una imagen vale más que mil palabras’, y logramos ese impacto gracias a que siempre contamos con toda la libertad y la exigencia para trabajar”.

En tiempos convulsos, cuando la migración desde Centroamérica regresa a los titulares, Cowrie evoca los semblantes de los refugiados guatemaltecos que por vez primera vieron el mar frente a las playas de Campeche, esto a inicios de los años 80, periodo en que el gobierno mexicano abrió sus fronteras a los vecinos del sur que huían de la dictadura. Esa cobertura la realizó junto a Jeanette Becerra Acosta, y le resultó impactante.

Esa acción de acogida —reitera–, tuvo mucho que ver con la denuncia ejercida desde el Unomásuno; al igual que los amplios reportajes dedicados a trazar una radiografía de la miseria en México, la cual fue “sumamente analizada, tomada en cuenta, aunque poco se ha cambiado. Todos esos reportajes fueron destacados como información principal, verídica y bien investigada”.

Después de 12 años en la fotografía política y la documentación social, la fotógrafa méxico-alemana viró a las artes escénicas, un cambio de rumbo que le resultó natural porque durante buen tiempo practicó la danza y el retrato de esta disciplina. “Me permitió mantener la mente en estado de alerta. Es un curso intensivo de agilidad mental, porque requieres capturar el momento preciso en pleno movimiento del cuerpo.

“Hay un momento muy sublime en la ejecución del bailarín, el cual sólo es reconocido por el fotógrafo que ha dedicado muchas horas a entender en qué consiste la danza. Se trata de capturar el momento preciso en que el ejecutante trasciende su proceso de entrenamiento y eleva todos sus sentidos a través del movimiento dancístico. Es un instante sutil y debes tener un equipo de primera para cacharlo, porque a veces ocurre bajo una luz poco óptima. Si lo logras, tienes una imagen de fuerza expresiva única”.

De la danza admira el rigor y el compromiso total del bailarín con su cuerpo, la compenetración de su expresión con la música y la escena, algo que encuentra aún más atractivo en la danza contemporánea y la danza butoh, como lo deja ver su invaluable acervo legado a los centros nacionales de Investigación, Documentación e Información de la Danza “José Limón” (CENIDI Danza); y Teatral, “Rodolfo Usigli” (CITRU), ambos del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

Muy pocos, como Christa Cowrie, pueden preciarse de haber registrado tal cantidad de compañías teatrales y dancísticas, nacionales y extranjeras, una labor que realizó durante 16 años como fotógrafa del Festival Internacional Cervantino. A vuelo de pájaro, menciona Delfos, Contempodanza…, y reserva un lugar especial al Ballet Nacional de México —al que retrató por años— y a su directora Guillermina Bravo, el cual por 58 años fue el semillero más importante de bailarines y coreógrafos del país.

El galardón que recibió el 22 de agosto, junto con sus colegas Bob Schalkwijk y Maya Goded, en el arranque de las actividades del 20 Encuentro Nacional de Fototecas, en Pachuca, Hidalgo, reconoce más de cuatro décadas de una trayectoria, cuyos registros son ya un referente —si se quiere hablar de la historia del fotoperiodismo— del fotodocumentalismo y de las artes escénicas en México. Colecciones que están bajo resguardo no sólo del CITRU y del CENIDI Danza, sino del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM (77 mil piezas fotográficas, entre impresiones y negativos a color y blanco y negro) y del Museo Nacional de Culturas Populares.

Generosa como el mar, Cowrie da la impresión de no ejercer el apego, porque como ella misma expresa: “La fotografía hay que vivirla, con toda su pasión, con toda su intensidad ¡Hasta la médula! Hay que estar comprometido con este maravilloso instrumento que es la cámara, convertirlo en una extensión más de tu cuerpo, tus huesos, tus venas, dejar que fluya dentro de ti”.

Fuente: INAH