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Francisco Murguía o el amoroso encuentro de la danza y la fotografía

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Francisco Murguía o el amoroso encuentro de la danza y la fotografía

Por Óscar Flores Martínez

El pasado 20 de julio trascendieron mensajes enviados por bailarines –no por ninguna compañía de danza o institución cultural– a través de la red social Facebook con la noticia del fallecimiento del fotógrafo de danza Francisco Murguía.

Noticia triste por múltiples aspectos. No sólo porque tanto la Danza como la Fotografía en México pierden uno de sus principales exponentes, sino también porque don Panchito fue siempre un ser cálido, generoso, siempre amable y gentil con los bailarines y con todo aquel que gravitara en torno a su área profesional.

Su muerte, también evidenció que en los procesos de documentación e investigación, la danza en nuestro país continúa teniendo grandes y muy severas lagunas. Pese a que la importancia de Francisco Murguía se despliega en dos grandes vertientes: primero como artista de la lente especializado en danza y, no menos importante, como fotógrafo y videasta que documentó de manera exhaustiva y profesional el trabajo de una de las compañías más importantes del país, no hay una entrada de su vida y obra en los diccionarios biográficos especializados, así como tampoco una semblanza en los principales libros del Taller Coreográfico de la UNAM (TCUNAM)… al menos hasta la memoria del XXX aniversario de la compañía.

Seguramente alguna semblanza habrá en libros posteriores o en alguna(s) de la(s) revista(s) que la compañía universitaria edita periódicamente donde se refiera a su vida y obra.  En tanto sólo de él se habla que ingresó al TCUNAM en 1988, la acreditación de una miríada de sus fotos en libros y revistas, así como mencionar que recibió algún premio en algún concurso fotográfico.

Circunstancia adversa adicional. En la fecha de su deceso, toda la UNAM se encuentra de vacaciones, por lo que no se ha generado aún ninguna información al respecto. Menos una actualización en sitios web.

Muy seguramente las informaciones y los homenajes post mortem vendrán una vez que la UNAM resucite de su letargo vacacional. Sin embargo, esto no atenúa o acentúa en nada la importancia artística y del registro histórico que hizo Francisco Murguía. Estas trascienden omisiones y merecidos descansos veraniegos.

Desde su nacimiento, la fotografía ha tenido un vertiginoso proceso evolutivo. La fotografía de danza –especialización relativamente reciente– no ha sido la excepción, así como tampoco el trabajo de Francisco Murguía.

Su ejercicio profesional transitó desde la fotografía analógica en blanco y negro, para luego transitar a la fotografía analógica en color, hasta llegar a la fotografía digital. Por lo tanto, Francisco Murguía aún realizó el revelado en cuarto oscuro hasta incursionar en la manipulación de la imagen en computadora.

Don Panchito alcanzó un alto grado de refinamiento en sus fotografías en blanco y negro. En esta fase depuró sus principales virtudes: trasladar exitosamente a la imagen fija los diseños corporales y espaciales de las coreografías, capturar en el momento exacto el punto culminante del gesto, así como lograr capturar hermosas texturas de los telones de fondo o del vestuario.

El tránsito a la fotografía de danza en color –analógico o digital– fue para don Panchito un proceso de reto y continuo perfeccionamiento, enfrentando las dificultades que la era digital plantea a los fotógrafos, experimentando, aprendiendo de la azarosa y acelerada vía del acierto-error.

Por todo ello, era emocionante ver las cortas exposiciones que el TCUNAM programó regularmente cada temporada en el vestíbulo de la sala Miguel Covarrubias con su obra.

Acerca de su labor documental, Francisco Murguía dejó para el acervo de la UNAM muy probablemente más de 20 mil fotografías que no sólo fueron tomadas durante las funciones, sino durante la creación de obra, ensayos, remontajes, eventos académicos y sociales, ruedas de prensa, entre un largo etcétera.

El TCUNAM es sin duda la compañía mexicana que mejor tiene registrado su repertorio. Fue una feliz inquietud que desde sus orígenes tuvo la agrupación universitaria. Por ello la dirección le encomendó ampliar su labor e incursionar en la videograbación de los procesos de creación de obra, ensayos y funciones.

Estas grabaciones cumplen de manera notable su función de registro, de ser una herramienta para que las coreografías del TCUNAM puedan ser repuestas de la manera más exacta posible por futuras generaciones de bailarines, en un país en donde no existe la cultura para leer alguna notación dancística.

Don Panchito no fue el único fotógrafo ni videasta del TCUNAM. En el grupo pueden apreciarse otras maneras de ver y registrar la danza. Pero es innegable que Francisco Murguía consiguió muchas de las imágenes icónicas del TCUNAM y de la danza basada en el ballet en la segunda parte del siglo XX y primeras décadas del siglo XXI.

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