La coreógrafa Nellie Happee fue homenajeada y recibió el premio Coatlicue

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La coreógrafa Nellie Happee fue homenajeada y recibió el premio Coatlicue

De muy buen humor, optimista y en recuperación, la coreógrafa emérita Nellie Happee se presentó al homenaje que se le rindió durante el XIX Encuentro Internacional–XV Iberoamericano de Mujeres en el Arte México–España, la tarde del domingo 8 de marzo en el Teatro de la Danza del Centro Cultural del Bosque, donde se le entregó el Premio Coatlicue, en el marco del Día Internacional de la Mujer.

“Me siento muy alegre porque me tocó estrenar este teatro con la Escuela Nacional de Danza Clásica. En esa época estábamos tan felices, porque al fin teníamos un espacio para nosotros. Por eso le guardo mucho cariño y, en general, a todo el Centro Cultural del Bosque”, expresó la reconocida coreógrafa y bailarina.

“Desde agosto estoy en reposo. Se me detonó la artritis reumatoide y esta es mi primera salida, por lo que me siento muy contenta. Lo único que lamento fue haberme perdido toda la celebración de los 80 años del Palacio de Bellas Artes.

“Fue ahí donde inicié mis estudios de ballet, en la Escuela Nacional de Danza de Nellie Campobello. Estábamos en el tercer piso del Palacio, donde ahora están las oficinas. Esto sucedió (la enfermedad) ahora que no estoy en el ajetreo de los montajes”, comentó la homenajeada.

“He tenido mucho tiempo para meditar y valorar las cosas, y saqué la conclusión de que me siento afortunada por la época en la que me tocó vivir: la disfruté, la gocé, la sufrí, pero la viví al máximo, sin escatimar esfuerzos”.

Mencionó que le encantó ver a los chicos que bailaron durante el homenaje, porque rememoró la época en la que trabajó como profesora. “Me encantan los jóvenes y los niños, porque te comparten su vitalidad, y en ese sentido fui dichosa, pues en mi época no había apoyos para la danza y uno tenía que trabajar. Tuve la fortuna de dar clases: trabajaba en lo que me gustaba para poder hacer lo que me gustaba, lo cual fue una gran suerte”, añadió.

La bailarina y maestra recordó que si bien fue su estatura la que en su momento le impidió bailar determinados roles, su experiencia dentro del mundo de la danza ha sido privilegiada.

“Me acuerdo cuando estudiaba con Bronislava Nijinska en Estados Unidos y vi por primera vez completo El lago de los cisnes. En esa época pensé que si lograba bailar en el rol del Cisne Blanco, al siguiente día me podía morir. Me colgaba de los pies para poder crecer, pero nunca lo pude bailar”, compartió.

“Sin embargo, a partir de que uno acepta lo que es, está del otro lado. Después puedes hacer lo que quieres con lo que tienes. Cuando estudié con Nijinska, una vez dijo que un bailarín no puede encerrarse única y exclusivamente en su disciplina, sino que debe ir a conciertos, a museos; eso me abrió las puertas”.

Recordó que en 2015 cumplirá 85 años, y que le encantaría escribir un libro: “Lo que me tocó vivir lo disfruté y quisiera compartirlo con otros. Además, me encontré la caja donde mi mamá guardó las cartas de mis viajes, en las que relaté mis vivencias dentro de la danza”.

“El mensaje que quiero transmitir a los jóvenes bailarines es que no solo se enfoquen en la danza, sino a las artes en general; que vayan a conciertos y viajen, si es posible, porque el artista expresa lo que es como persona, por eso hay que enriquecer a la persona, para que el producto de eso sea algo valioso”, añadió.

En el homenaje, la Compañía Nacional de Danza le dedicó el pas de deux del Cisne Blanco; los alumnos de la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, el cuadro Fragmentos; Eterno Caracol presentó Trébol, y la Compañía de Danza Murmullo de Sirenas le rindió homenaje con una pieza llamada Wornos.

Fuente: INBA

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